El cisne negro (acercándose desde el horizonte)
Nuestro cerebro está hecho para ver más orden del que realmente hay, aborrece la complejidad. Y aunque esto pudo ser de mucha ayuda en las circunstancias en que vivieron nuestros más remotos antepasados, no nos sirve mucho en la época actual, a la hora de predecir las circunstancias de lo venidero. Estamos, por decirlo de alguna manera, programados para crear narrativas simples sobre fenómenos muy complejos y variados; de modo que siempre terminamos falseando la realidad. Nuestra visión de las cosas empieza negándolas para acomodarlas a nuestros patrones de interpretación. El resultado de esto es que perdemos control de la realidad y nos volvemos incapaces para predecir cualquier anomalía.
Nassim Nicholas Taleb presenta una teoría que ilustra el modo en que la mayoría de nosotros cae en la trampa de pasar por alto las anomalías con el fin de uniformar cualquier modelo mental o teoría. Entre los temas tratados están: la falacia narrativa, pronósticos falsos y cómo entablar amistad con los cisnes negros.
¿Qué es un cisne negro? Para empezar, es un hecho improbable, sus consecuencias son importantes y todas las explicaciones que se puedan ofrecer a posteriori no tienen en cuenta el azar y sólo buscan encajar lo imprevisible en un modelo perfecto. El éxito de Google y YouTube, el 11-S, la crisis de las subprimes, la inminente cercanía del peak de Hubbert, del petróleo, son “cisnes negros”.
¿Por qué no reconocemos el fenómeno de los cisnes negros hasta que éstos se producen? Según Taleb, los seres humanos nos obcecamos en averiguar lo específico, cuando nos deberíamos centrar en las generalidades. Somos incapaces de estimar realmente las oportunidades, demasiado vulnerables al impulso a simplificar, narrar y categorizar, y no lo bastante abiertos a recompensar a quienes saben imaginar lo “imposible”. Con ironía, irreverencia y un profundo conocimiento de los caprichos del mundo real, un especialista en incertidumbre y matemático implacable nos conduce por los deliciosos vericuetos de lo improbable.
Algunas recomendaciones
- Por naturaleza tendemos al optimismo. Evolutivamente, esto nos ha permitido sobrevivir. El escepticismo, en cambio, exige esfuerzos y es costoso. Se puede actuar frívola o alocadamente en las cosas pequeñas. Ahora bien, cuando se trata de asuntos importantes como la actual crisis económica mundial, en contra de lo que sería nuestra propia naturaleza optimista, vale la pena echar mano del escepticismo y prever planes de contingencia.
- No es muy buena idea creer las predicciones de los que llevan corbata. Conviene reírse un poco de la gente que se toma en serio a sí misma y, sobre todo, sus conocimientos. Nadie en concreto tiene la solución y menos que nadie aquellos que están convencidos de saberlo todo. Sopórtalos con amabilidad y afecto, pero no los sigas ciegamente. Ni a los oráculos de las finanzas y de la política ni a los del mundo académico.
No intentes modificar los sistemas complejos que han sobrevivido sin necesidad de tus ideas brillantes. Deja el planeta como está o como estaba. No lo contamines. No quieras cambiarlo de sitio. Los procesos automatizados como la respiración, la digestión o sudoración funcionan mucho mejor que los sistemas discriminatorios en los que la decisión está en manos de los jefes. Un hormiguero no necesita ningún mando intermedio para elegir el camino más corto.
http://humanismoyconectividad.wordpress.com
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